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Jesús Chover abre la puerta grande de València a golpes de decisión

El novillero local Jesús Chover salió este lunes a hombros de la plaza de València, tras una actuación marcada por la decisión y que se premió generosamente con las dos orejas del cuarto ejemplar de una descastada novillada de Fernando Peña.

FICHA DEL FESTEJO:
Seis novillos de Fernando Peña, de correcta presentación pero muy dispares de hechuras, volúmenes y alzadas. En cuanto a juego, al conjunto le faltó raza y/o empuje, dentro de un comportamiento insulso pero manejable en general, y en especial el lote de Chover.
Jesús Chover, de azul marino y oro: estocada muy trasera (vuelta al ruedo tras petición de oreja); pinchazo y estocada baja trasera (dos orejas). Salió a hombros por la puerta principal.
Alejandro Gardel, de palo de rosa y oro: estocada tendida delantera y cuatro descabellos (silencio); pinchazo y estocada atravesada (silencio).
Ángel Téllez, de verde botella y oro: cuatro pinchazos y estocada atravesada (silencio tras dos avisos); pinchazo hondo, pinchazo, media estocada tendida y siete descabellos (silencio tras dos avisos).
Entre las cuadrillas, Juan Navazo y Niño de Santa Rita saludaron tras banderillear al sexto.
Segundo festejo de la feria de Fallas, con algo menos de un cuarto de entrada en los tendidos (unas 2.000 personas), en tarde agradable.

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TRIUNFO A LA VALENCIANA

Con el lote de mayores opciones de una desigual, descastada e insulsa novillada de Fernando Peña, Jesús Chover puso la suficiente decisión como para que se abriera para él la puerta grande de la plaza de València por primera vez en esta Feria de Fallas.
Apoderado y aconsejado por el Soro, el torero que mejor representó en los ruedos el espíritu festivo de la afición valenciana, Chover se dio toda la tarde a un faenar entregado, explosivo y bullidor, siguiendo las pautas que identificaron a su mentor.
Por eso le pidieron ya la oreja del primero de la tarde, que, además de ser el de más finas hechuras, resultó a la postre el de más clase y entrega del deslucido encierro de Fernando Peña.
Desde que lo recibió, como a su segundo, con una larga a porta gayola, el valenciano siempre se hizo presente con el capote, variado y vistoso tanto en los lances de recibo como en todos los quites a los que tuvo derecho, incluso sacando él mismo a los novillos de debajo del peto del caballo de picar.
Tampoco con las banderillas quiso negar después la clara influencia sorista, intentando suertes como la del remolino que inventó Vicente Ruiz y los pares al quiebro, aunque no siempre la ejecución tuvo el suficiente ajuste y acierto.
Con la muleta Chover se empleó a fondo ante ambos ejemplares, muy asentado y firme, solo que con el defecto de encimarse demasiado en los cites, lo que no ayudó a que fluyeran las embestidas, y con escasa sutileza a la hora de embarcarlas y deslizarlas.
Tras una estocada trasera, el presidente le denegó esa oreja pedida por mayoría de su primero, pero le compensó al darle, muy generosamente, las dos del cuarto, que se movió sin gran clase y al que el valenciano hizo una faena de menor nivel que al anterior y rematada con un pinchazo previo a otra estocada muy trasera.
Los lotes de sus compañeros de cartel, los madrileños Alejandro Gardel y Ángel Téllez, apenas tuvieron opciones de lucimiento. Los del primero porque se desfondaron afligidos a las primeras de cambio; y los del segundo por su falta de fuerzas o por rajados, que es lo que pasó con el feo y destartalado sexto.
Y así, mientras que Gardel no perdió demasiado el tiempo con los suyos, Téllez se empeñó en sacarles partido a base de temple y sinceridad, pero en dos trasteos excesivamente largos y que, mal rematados con la espada, hicieron sonar finalmente hasta cuatro avisos en vez de las palmas que merecieron sus intenciones.
Paco Aguado

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